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Leonardo
Boff
LA ESPIRITUALIDAD EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA
PAZ
por Leonardo
Boff
11/06/2010 - Servicios
Koinonia
Todos
los factores y prácticas en los distintos sectores de la vida personal y social deben contribuir a
la construcción de la paz tan ansiada en los días actuales. Los esfuerzos serían incompletos si no
incluyésemos la perspectiva de la espiritualidad.
La
espiritualidad es aquella dimensión en nosotros que responde a las preguntas últimas que acompañan
siempre a nuestras búsquedas. ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Cuál es el sentido del universo?
¿Qué podemos esperar más allá de esta vida?
Las
religiones suelen responder a estas inquietudes, pero ellas no tienen el monopolio de la
espiritualidad. Ésta es un dato antropológico de base como la voluntad, el poder y la libido.
Emerge cuando nos sentimos parte de un Todo mayor. Es más que la razón; es un sentimiento oceánico
de que una Energía amorosa origina y sustenta el universo y a cada uno de nosotros.
En
el proceso evolutivo del que venimos, irrumpió un día la conciencia humana. Hay un momento de esta
conciencia en que ella se da cuenta de que las cosas no está lanzadas aleatoriamente ni
yuxtapuestas, al azar, una al lado de la otra. Ella intuye que un «Hilo Conductor» pasa a través de
ellas, las liga y las religa.
Las
estrellas que nos fascinan en las noches cálidas del verano tropical, la selva amazónica en su
majestad e inmensidad, los grandes ríos como el Amazonas, llamado con razón río-mar, la profusión
de vida en los campos, el vocerío sinfónico de los pájaros en la selva virgen, la multiplicidad de
las culturas y de los rostros humanos, el misterio de los ojos de un recién nacido, el milagro del
amor entre dos personas que se quieren, todo eso nos revela cuán diverso y uno es nuestro mundo
universo.
A
este «Hilo Conductor» los seres humanos le han dado mil nombres, Tao, Shiva, Alá, Yahvé, Olorum y
muchos más. Todo se resume en la palabra Dios. Cuando se pronuncia con reverencia este nombre algo
se mueve dentro del cerebro y del corazón. Neurólogos y neurolingüistas han identificado el «punto
Dios» en el cerebro. Es un punto que hace subir la frecuencia hertziana de las neuronas como si
hubiesen recibido un impulso. Esto significa que en el proceso evolutivo surgió un órgano interior
mediante el cual el ser humano capta la presencia de Dios dentro del universo. Evidentemente Dios
no está solamente en este punto del cerebro, sino en toda la vida y en el universo entero. Sin
embargo a partir de este punto quedamos habilitados para captarlo. Y todavía más, somos capaces de
dialogar con Él, de elevarle nuestras súplicas, de rendirle homenaje y de agradecerle el don de la
existencia. Otras veces no decimos nada. Silenciosos y contemplativos, lo sentimos solamente. Y
entonces nuestro corazón se dilata a las dimensiones del universo y nos sentimos grandes como Dios
o percibimos que Dios se hace pequeño como nosotros. Se trata de una experiencia de no-dualidad, de
inmersión en el misterio sin nombre, de una fusión de la amada y el Amado.
Espiritualidad
no es solamente saber, sino principalmente poder sentir las dimensiones de lo humano radical. El
efecto es una profunda y suave paz, que viene de lo Profundo.
La
humanidad necesita con urgencia esta paz espiritual. Ella es la fuente secreta que alimenta a la
humanidad en todas sus formas. Irrumpe desde dentro, irradia en todas las direcciones, eleva la
calidad de las relaciones y toca el corazón de las personas de buena voluntad. Esa paz esta hecha
de reverencia, de respeto, de tolerancia, de comprensión benevolente de las limitaciones de los
otros, y de la acogida del Misterio del mundo. Ella alimenta el amor, el cuidado, la voluntad de
acoger y de ser acogido, de comprender y de ser comprendido, de perdonar y de ser perdonado.
En
un mundo perturbado como el nuestro, nada hay de más sensato y noble que anclar nuestra búsqueda de
la paz en esta dimensión espiritual.
Entonces
la paz podrá florecer en la Madre Tierra, en la inmensa comunidad de la vida, en las relaciones
entre las culturas y los pueblos, y aquietará el corazón humano cansado de tanto buscar.
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LEONARDO BOFF es teólogo, filósofo,
escritor, profesor y ecologista brasileño, fue uno de los fundadores de la Teología de la
Liberación y es actualmente Comisionado de la Carta de la Tierra
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