
Nuestro objetivo:
Potenciar y favorecer una Cultura de Paz en nuestro Planeta.
Introducción
Resulta difícil, a la vista de la situación mundial (guerras, conflictos étnicos, violencia en el deporte, violencia doméstica, agresiones racistas, torturas...) concebir que la humanidad haya perseguido y anhelado la paz durante milenios. Hemos llegado a un punto tal de barbarie y sinrazón, que las peleas y enfrentamientos parecen inevitables, que la única vía para solucionar los conflictos parece ser la fuerza y la coerción y que la paz parece inalcanzable. En definitiva, la humanidad corre el peligro de perder la esperanza basándose en la creencia irracional de que nada podemos hacer y que no existe alternativa posible.
Desde diversos foros internacionales y desde una ciudadanía consciente y responsable, surgen voces que instan a una movilización de esfuerzos y conciencias para trabajar con más ahínco y determinación que nunca en la búsqueda y consolidación de la paz, que aconsejan no caer en el fatalismo y la derrota y que propician aunar voluntades y acción en la consecución de este fin último.
Urge encontrar nuevas maneras de pensar, sentir y actuar, nuevas fórmulas para superar viejos conflictos y manejar las diferencias entre personas, pueblos, razas y culturas; urge aprender nuevos modelos de convivencia y coexistencia pacífica, la importancia del diálogo y la cooperación; urge crear una Cultura de Paz que sirva de contrapeso a la actual cultura de la guerra, y que se forje, según reza en el Acta de Constitución de la UNESCO, en la mente y —añadimos nosotros— en el corazón de los hombres.
De ahí la necesidad de educar para la paz, de crear una cultura diferente donde primen los valores éticos de la justicia y la solidaridad, que contribuya a forjar nuevas actitudes y estilos de vida más respetuosos con el planeta y con otras culturas o religiones, que transmita modelos de convivencia no-violentos a las generaciones presentes y futuras.
La educación, como motor de cambio, aparece como la única alternativa viable, como el auténtico desafío del s. XXI.
Por eso, en el Proyecto Ávalon, la consideramos como el eje fundamental de nuestro programa de acción.
Conscientes de su enorme importancia, no queremos restringirla a una educación que contemple la única perspectiva que se suele observar en este tema, la perspectiva social, apoyada en el mejor de los casos por algunos enfoques de la perspectiva ecológica de la paz. Creemos que hay que orientar también los esfuerzos a trabajar los aspectos internos del desarrollo humano; creemos que conviene tener en cuenta la dimensión interna de la paz, buscando el desarrollo de la naturaleza interior y trascendente del ser humano, ofreciendo vías para el autoconocimiento y el control emocional, nuevas visiones de la vida y actitudes más acordes con una cultura de paz; desarrollando una consciencia más realista y crítica que permita ver y abordar los problemas humanos con mayor lucidez.
Por eso queremos, desde nuestro programa educativo, concienciar al máximo de gente, formarla en una sólida ética e integridad (impecabilidad), forjar personas lúcidas y responsables, con espíritu crítico, que pongan el alma en todo lo que hacen.
Plantar semillas para una verdadera Cultura de Paz sería, pues, nuestro principal objetivo. Cuidando de que esas semillas no queden sólo en las aulas o confinadas en los foros internacionales de expertos y eruditos, que no se pierdan en el océano de la indiferencia y que germinen en el mayor número de corazones posible. |