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Leopoldo
Abadía
¿QUÉ MUNDO VAMOS A DEJAR A NUESTROS HIJOS? ME
IMPORTA MUY
POCO
por Leopoldo
Abadía
05/03/2010 - El Confidencial
Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué
hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que “Dios les
coja confesados”.
Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su
preocupación.
En muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que me
a mí me hace tanta gracia: “¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?” Ahora, como me
ven mayor y ven que mis hijos ya está crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir
“¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?”
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: “¡y a mí, ¿qué me
importa?!” Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy
poco.
Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso
lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos,
64.
Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar
fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a
descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que
fuera feliz…y me exigieron mucho.
Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización
Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco,
escribo un libro. ¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar?
¡Si no se lo podían imaginar!
Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena
formación
. Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el
futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más
mínimo.
A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los
demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros,
leales,…Lo que por ahí se llama “buena gente”.
Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Y harán negocios sanos. Y, si son capitalistas,
demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano. (Si son mala gente, demostrarán con sus
hechos que el capitalismo es sano, pero que ellos son unos sinvergüenzas.)
Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir
el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos…En estos
puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.
Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños.
Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros
hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más qué hijos íbamos a dejar a este
mundo.
A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la
importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal
que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si
salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las
cosas.
Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de
Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de
pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas
cosas.
Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya
no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos
ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es
cosa del siglo pasado. Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos
NADA.
P.S.
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que
sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.
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LEOPOLDO ABADÍA es ingeniero industrial, y fue profesor
de Política de Empresa en el IESE de la Universidad de Navarra durante más de 35 años. Se
le conoce ampliamente a partir del análisis que hizo de la crisis económica actual mediante un
artículo publicado en su sitio web que recibió miles de visitas en apenas unas semanas, y que
propició la publicación de su libro La Crisis Ninja y otros misterios de la economía
actual.
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